Nota: Esta es la crítica que ha realizado el actor y director teatral Fernando Montenegro acerca de la puesta en escena de una obra del conocido dramaturgo Sergio Arrau. El texto ha sido publicado originalmente en el blog “El Oficio Crítico“, del actor y periodista Sergio Verlade, donde ha recibido dos comentarios. Al finalizar este artículo expondré mi breve apreciación como actor y espectador de esta obra.
La muerte del ateneo inmortalElenco: Jane Yogi, Sergio Velarde, Eileen Céspedes y Julio Navarro
Dramaturgia y dirección: Sergio Arrau
Que una obra dependa de la invasión al público para poder desarrollarse, me parece, desde ya, un pésimo punto de partida como dirección, sin embargo el oficio y talento de los bien elegidos actores (los cuatro intachables, caracterización, interpretación, composición) hace que la obra funcione. El problema no está en la mala dirección, ni la ausencia de luces o música, sino en el mismo texto.Un autor responsable habla de si mismo, pero cuando empieza a hablar del otro, sin conocerlo, merece ser sepultado. Según la obra “La muerte del ateneo inmortal” no hay nada que aprender del hombre provinciano solo por el pecado de no conocer Lima. Eso lo demuestran los personajes “Gualberto” y “Eleuteria” que lejos de ser plasmados como inocentes, son irracionales provincianos que mientras más cultos quieren ser, más se les retrata como bestias. ¿Es eso lo único que conoce del Perú el Sr. Arrau?
El ridículo limeño “Sócrates” dictará una conferencia, antes de empezar lo interrumpen y nunca más sucede nada. Este escaso argumento es rellenado por textos que solo resaltan la barbarie mental de los provincianos y la incapacidad del limeño. El mensaje es el siguiente señores: “De la provincia o de la capital, los peruanos dan risa” acotemos que el inspirado autor no nació aquí. Y claro, la obra es una comedia sobretodo para él, pero que podría generar un drama en la platea si algún público perceptivo va a verla, ya que es una representación injusta, y a uno lo hace preguntarse, si quiere crear un personaje torpe ¿Por qué sacrificar el chullo peruano? Hay muchas maneras de hacer reír a la gente sin meterse con nadie.
Quizá mi interpretación sea riesgosa por tratarse de un autor respetado, y quizá el público no advierta lo mismo gracias al talento de los actores, pero me llama la atención que la obra se siga llevando a escena sin la objeción de nadie, ya que es claro, que existe un prejuicio racial dentro de ese caballo de Troya, y si no es así, creo que el autor debió molestarse en aprender un poco más de éste país antes de escribirla.
Fernando Montenegro
Director teatral
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Mi opinión personal sobre esta obra:
He visto y me he entretenido con esta obra, más que todo por el trabajo de los cuatro actores y su química en escena y la empatía con la que han capturado al público presente. Pero también debo decir que la crítica que el Sr. Montenegro expone ha sido contundente en cuanto a señalar la dramaturgia como el problema central, y bien se resume en la frase “caballo de Troya”.
Para empezar, la disfruté como público. Y en parte estoy de acuerdo con el modo en cómo se satiriza a los dirigentes en sí, pretendiendo aparentar ser más cultos de lo que en realidad son y que no deja títere con cabeza. En eso creo que hay consenso.
Sin embargo, lo que Montenegro señala es que es preocupante cómo quedamos nosotros ante nosotros mismos. Nos reímos, vemos retratados algunos de nuestros arquetipos… y no salimos de burlarnos de nuestros arquetipos, y parece que no tenemos más de dónde escoger.
Salvando las distancias, me recuerda a ciertos talk shows locales donde solía mostrarse a los hombres de una manera espantosamente maniquea: O son unos machistas abusadores y bestias, o eran unos cándidos que se dejaban pegar y sacar la vuelta por sus esposas. E igualito se les aplicará la pena o generarán pena, dependiendo de su perfil. Pero no se muestran más modelos de comportamiento masculino.
Del mismo modo, aquí nos reímos de nuestros defectos exagerados casi al límite, pero no vemos algo más nutritivo para nuestro imaginario. Y esta tendencia se suele dar en todos los niveles. No vemos más matices en la representación de nuestra gente. Y lo que hay que tomar con cuidado es la tendencia del texto a aglutinar los componentes provincianos casi a la prepo Por ejemplo, la mención de una cebichería de tipo costeño en un apartadísimo pueblo serrano, que no es de lo más típico ni lo más lógico, y sin embargo quien lo lea o lo vea y no esté familiarizado con nuestras referencias puede hacerse una imagen equivocada.
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De todos modos, es mejor ir a ver teatro independiente peruano de cuando en cuando. Nos vemos allí.

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