Metro, cadena peruana hasta hace poco (ahora pertenece a un grupo chileno) tiene sus cosas como cualquier otra empresa. Tiene buen servicio, de cuando en cuando -me parece- se le podrán escapar algunos lotes de productos algo desfasados, pero en general, cumple. Están en varias zonas, y yo ahora suelo hacer algunas compras en el que queda en Barranco, que me provoca sentimientos encontrados, pero el tema central no es ése…
Se trata del “ají de la casa” que venden en Metro. Si alguno tiene la experiencia de haber comprado salsas en alguno de los supermercados de Metro (la que venden a granel, de las envasadas con su tapa amarilla que dice “Metro”), y la ha saboreado, verán que, a diferencia del ají de casa de otros supermercados, el de Metro presenta un sabor muy agradable. No estoy haciendo propaganda, por si acaso, pero describo algo que me parece que les puede o les debe de haber pasado con ese ají de la casa: sentirlo adictivo.
Los que lo han probado habrán sentido el picor propio del ají, no tan fuerte como para rechazarlo, pero tampoco tan leve como para despreciarlo. Para ser de fabricación industrial, han balanceado bien los ingredientes. Tiene el toque de sal preciso, el color y aspecto se asemejan al de la salsa de ocopa y, por eso mismo, su contextura es así de cremosita, espesa y se sienten las hojitas de culantro. Wow! Lo puedes comer con cualquier plato. Y como no es fuerte, puedes incluso pensar en sacrificar gradualmente tus papilas gustativas si es que estas van a ser destrozadas lentamente por tan generosa asesina.
Todos los días en la oficina, a la hora del almuerzo, esperamos a que alguno de nosotros, el que haya ido a comprar cosas para la hora del almuerzo, no se haya olvidado del ají de la casa. Raúl Bastante, mi jefe, y yo, así como nuestros demás amigos, depredamos el pote de ají de la casa a cucharadazos. Esa costumbre nos acompaña desde que estábamos trabajando en Jesús María, y no pensamos cambiarla, al menos hasta que mis papilas se cansen de tanto gusto… pero es que se lo echo al arroz, a las papas, a los guisos… ¡Y todo le queda!!!
Yo no soy ni experto ni devoto de las comidas picantes. Paso, pero no soy hincha del ceviche, no soy conocedor de picantes, pero tengo dos manías al respecto: 1) Tomar una sopa hirviendo tras haber ingerido un poco de rocoto segundos antes y 2)Echarle el ají de casa de metro a todo lo saladito que me haya cocinado mi madre.
Ahora me van a querer pasar la factura mis papilas, je je je…