Archivo mensual: septiembre 2007

Recordando a la URSS

Ahora último no tengo mucho tiempo para revisar si no es a la volada mis bandejas de entrada. Pero se me ha dado una manía por revisar cosas sobre la URSS, la cultura de la Unión Soviética y cosas relacionadas con la Rusia ochentera.

Esta pequeña afición es crónica, porque suelo ver cosas de ese tipo durante temporadas. Esto se debe, de hecho, a la infósfera de finales de la Guerra Fría con la que crecí (incluído un glorioso visionado de “Rocky IV” en el Betamax de mi tío Paco… sí, alcancé a ver lo que era un Betamax!!!!!!!!!!!!!!!!!).

Incluso, por parte de padre, los parientes que más cerca vivían de nosotros vivieron en la República Rusa en los 80’s debido a que mi tío Antero fue agregado militar en la Unión Soviética. Al mismo tiempo, por parte de madre, mi tía Luz Marina, mi madrina de nacimiento, estaba estudiando en Kiev, República de Ucrania. Repúblicas Socialistas en ese entonces, claro.

Así que se imaginarán que loco fue querer descifrar un mapamundi en ruso, ver postales en cirílico, las infaltables matrushkas y preguntarse porqué Mijail Gorbachov tenía en la frente una mancha de la forma de Sudamérica, pero al revés. De allí que aún considero un deber moral aprender algo de ruso. Puedo pretender descifrar un poco de cirílico, pero hay cosas que se deben hacer con todas las de la ley, Товарищ

¿Será por eso también que me la agarro con la ideología que cayó al final de todo ese proceso que le llamaban Перестройка o Гласность? Bueno, todo eso lo puedo comentar como comunista renegado e hijo de un comunista renegado 😛 Jajajajajajajajajaja! En realidad uso sólo ese chiste para sacarle ronchas a mis mayores. Aunque para ellos y todos los demás existe mi blog de LOS PITUFOS Y EL MARXISMO.

En el fondo sería cuestión de imaginar cómo hubiera sido si ganaba la parte del Este el pleito de la Guerra Fría. Aunque, en el fondo, quizás, hubiera sido algo similar a lo que nos pasa con USA a la cabeza. Según Toffler, ambas sociedades, en el fondo, eran muy similares.

Una de las cosas que sí me llegan a veces es que la gente use cosas de la Unión Soviética y todo eso. Esta bien, pero ya es muy difundido eso de usar polos y cosas de un país que ya no existe como si fuera demasiado cool. Sobre todo esos polos de Lenin y demás. Es como la gente que usa los polos del Che, pero que no sabe ni un joraca quién ha sido él…

Спасибо

PS1.-Y como dirían obrero y parásito:

ENDUT! HOCH HECH!

What a phrase!

TENNESSEEIN’ IS TENNEBELIEVIN’!!!!!!!

KILL ME!!!!!

El camino de violencia, drogas, sexo y rock’n’roll ha cobrado héroes ilustres, desde Elvis hasta Kurt. Y con todo, los más artistas entre los rockeros del metal se han dado tanto por su público en el escenario que era como ver a sacerdotes yendo ellos mismos al altar del sacrificio a inmolarse.

Jimi Hendrix destruyendo su guitarra debió ser algo extático para los que pudieron estar allí. Parece ser una cosa hecha sólo por espectáculo. ¡Hey! El rock es un espectáculo, y el sólo hecho de causar alguna reacción al público permite cualquier cosa, y se ha visto de todo, pero el punto no es ése. Quemar y destruir lo que te da tu razón de ser es algo muy difícil de explicar. Quién sabe qué habrá pasado por la cabeza o el espíritu de Hendrix al hacer eso, pero intuyo que fue más allá de cualquier cosa que se haya podido meter. Es como cuando estás demasiado concentrado en algo, y te lleva a un estado en el que no te importan las convenciones. En una etapa inicial, es como estar concentrado escribiendo o componiendo algo. No interesa el tiempo mientras sigas realizándolo.
Luego tu atención se vuelca hacia el objetivo que tienes, hasta que el objetivo inicial ya no importa: nada interesa más que el hecho mismo de hacerlo. Y con todo el frenesí al que vas entrando, te involucras más y más. Si esa actividad te gusta mucho y va acompañada de una tensión y un ritmo propios, pues tus hormonas empiezan a segregar lo que sea necesario para que sigas manteniendo ese ritmo.
En un momento sabes que te vas a descarrilar. Puedes volver al cauce normal con cierta fatiga o puedes seguir hasta lo que salga. Si continúas, sabrás que te estás alejando de la cordura y de cualquier control que venga desde afuera, porque la idea de “autocontrol” ya no tiene piso para tí. Y le das con todo… hasta que sientes que necesitas más arrestos para concluir. Sientes que tu cuerpo ya no te pertenece, que no es suficiente. No lo es. Como si fuera necesario pagar un precio para aplacar esa vehemencia y ese fuego.

Y el precio es altísimo. ¿Qué es lo más valioso para un guitarrista en plena ejecución?

Eso es orgásmico.

Por eso creo que un rockero genuino rompería su guitarra y se aventaría contra los parlantes. Si siente el arte en sí, con mayor razón aún. Te entregaste con todo a lo que creías. Y siendo el líder de toda una manada de fanáticos que han visto que has sido sumo sacerdote y cordero de sacrificio al mismo tiempo, saben que no los vas a defraudar nunca, porque eres consecuente.

Esta es una magia que el escenario da a quien vive en él, y en general ocurre en el arte, en el deporte y otras actividades. Esa sensación puede ser asociada con la adrenalina y otras hormonas, y es a tal grado que luego de una presentación uno puede sentirse realmente vacío. Y de allí las crisis constantes que los artistas padecen, muy aparte de todos los pleitos que hayan tenido. Janis Joplin dijo una vez: “Yo hago el amor con 25.000 personas en el escenario y luego vuelvo a casa sola”.

Esto es una apreciación personal sobre el éxtasis al que llegan ciertos artistas. No creo que funcione lo mismo para todos. Pero si fluye, que fluya… que fluya…

Ps 1.- Si no hay problema, pueden leer esta entrada escuchando “Say Anything” de X-Japan. Allí encontrarán algunas muestras de lo que les digo (alrededor del minuto 5).

METAL: HAIR ROCK CAFE

El tema me gusta demasiado.

De niño no manyaba mucho lo que era el glam o hair metal. En los 90’s me pasó un poco desapercibido, hasta que fuí escuchando bien todas esas cosas que oía en la radio de mi tío Humberto, y alcancé a entender el porqué de su polo de Europe y demás pelucones de la época de cuando nací… Y un montón de afinidad hasta hora. No soy el gran fanático, ni el tremendo coleccionista y menos el super guitarrista… bueno, algo guitarrero soy, pero aún no llego al level de Eddie Van Halen 😦

No lo hablo por una mera moda retro ochentera. De hecho, lo que suelo escuchar desde mediados de los noventa arranca con el metal de la década previa, desde Rata Blanca hasta X-Japan. Y, efectivamente, lo mío pasa por escuchar desde el glam hasta el power metal. Hay toda una base musical en la que aún debo sumergirme, pero con un universo vastísimo en donde me alucino con el brillo de cada estrellita, que resulta ser, en realidad, de toda una masa estelar sonoramente incandescente.

A mi modo de ver y oír las cosas, el glamour de los rockeros de melena amplia se eleva por encima de su contradicción más fuerte: se supone que expresan rebeldía ante el sistema, pero ese mensaje les hace vivir con calidad de élite. Y sin embargo, todos han pasado por duros inicios, fuera económicos o fuera por fracasos musicales iniciales mientras las bandas aún se estaban formando. Y lograron lo que pocos pueden: vivir de lo que les gusta hacer. Y si eso es considerado huevear, que viva el webin!!!!!!

Y así quiero agitar mi cabello todo el tiempo. Una película sería el pretexto ideal. O al menos, como Otto Mann, el chofer del bus escolar de Los Simpsons. Es tan inocentemente salvaje como cualquiera de nosotros, sólo que él lo vive a cada rato. Al igual que los melenudos que aparecían en los polos de mi tío Humberto.

Un techo para mi PUCP

Todos hablan de lo del techo de la facultad de arte de la PUCP. Las mismas críticas desde hace años, y apuesto a que seguirán dándose por la gente que seguirá allí. Y hay varias preguntas por el estilo:

1) ¿No se supone que es “LA FACULTAD” de Arte? Hay Bellas Artes y demás institutos, pero a nivel universitario es la PUCP. Es más o menos como lo que ocurre con cada cosa que distingue al Perú de otros países: Machu Picchu, el Pisco, las líneas de Nasca… Nunca les toman atención, hasta que sucede algo, y de repente se acuerdan, pero para la foto. Aquí se trata de lo que creo es uno de los mascarones de proa de la Católica. Destaca ante cualquier otra universidad y es un reto para muchos artistas pasar por allí. Y en esas condiciones…

2) Sobre lo de las condiciones, seguro existe entre los rectores de la PUCP esa fascinación por decir: “En estas condiciones deplorables sacamos grandes artistas… ¡Felicítennos por tal proeza académica!”… Ni que estuvieran enseñando en un pueblo joven. ¡Con lo que factura la PUCP, tienen para poner el concreto que se les antoja, pero no pueden mantener un misio techo de asbesto! Esta situación de abandono está desde hace varios años. Al rector actual no se le ocurrió solucionarlo. ¿Se le ocurrió a Lerner? Si así fue, pues no parece. ¿Qué si el “accidente” ocurría en la época de Salomón Lerner? …nomás pregunto, digo, ¿no?

3) Por cierto, también padecen de un defecto que viene por default en los peruanos: Chantarle la papa caliente a otro por los errores propios, sobre todo si no tiene poder de réplica. Es el mismo ejemplo empresarial de los diez remeros, donde 9 eran ejecutivos y toda la chamba recaía en el empleado. Si llegaban últimos, la culpa es del empleado. Aquí hay una “feliz tradición” de crucificar al que no responde. Es la costumbre del malosito del colegio de “agarrar de lorna” siempre al que es más tímido, al más débil, de hacerle la gambeta a quien sabes no tiene cintura, y reclamarle cada vez que te hacen gol. Si Perú no va al mundial, culpa de cualquiera, pero nunca de Burga, ¿verdad? Lo del techo es culpa del obrero por estar allí, nunca del rector o de sus asesores por no haber previsto esto, ¿verdad?

4) ¿A quién se le ocurre destruir áreas verdes para construir edificios ostentosos? Es que son ostentosos. El Polideportivo me pareció funcional (una cualidad que siempre aprecio) cuando arrivé a la PUCP, aunque fue a costa de muchos árboles, me contó mi hermanita. El estudio de TV de Audiovisuales, el nuevo, ha sido edificado sobre lo que era un rosedal, de esos que ciertos alumnos de ciertas facultades no han tenido el menor reparo en destrozar cuanto pudieron, tengo entendido. Con toda la vocación de universidad bien pensante, parece raro que a las áreas verdes las pisotearan por el gusto de demostrar que pueden sembrar cemento.

Bueno, yo menos que nadie debería decir algo, ni pío (revisen la cabecera de mi Blog). Hace un buen rato que ni siquiera me acerco por la PUCP, además que no está en mi ruta. Pero mi hermana Leandra estudia en esa facultad y ese riesgo lo ha venido comentando con nosotros en casa desde que que ingresó, hace como 4 años, como muchos de sus compañeros de la facultad de ARTE, y he visto, como cualquier alumno de la PUCP en qué condiciones están. Hubo una estudiante que salió lesionada, como pudo haber sucedido con mi hermana o como cualquiera que haya pasado por el aulas de esa área de la Católica. No deploro en sí de la universidad en la que todavía estoy registrado y que me ha dado cosas muy valiosas como aprender algo de griego clásico, la técnica del arco y la flecha y tentarme a estudiar historia… pero cansa la gente que expone a sus clientes (alumnos, clientes… en esta sociedad de libre mercado, da igual) a esa clase de riesgos, y que trata a los empleados (ajenos y propios también) con la punta del zapato.

Para actuar con toooooooda esa desidia y esa despreocupación por la seguridad del otro, pues habría que creer que los derechos humanos son una cojudez. Y parece que hay gente que insiste en eso…

Ps.- Alguna vez regresaré a estudiar a la PUCP, en serio… aunque desearía que la fortuna me alcance antes 😛

Kinki Kids cantando Flower

KinKi Kids – Flower

En este momento estoy escuchando “Flower”, un tema de los “KinKi Kids” (dúo de Jpop conformado por Tsuyoshi y Koichi Domoto) que sonó fuerte en el verano de 1999, en Japón (ellos siempre sacando muy buenos temas de verano hasta donde recuerdo). La verdad, nunca creí que iba a sentir el verano japonés de nuevo, a pesar son kilómetros, años y centígrados de diferencia. Recuerdo cosas de allá como si hubiera sido un sueño, y de esto ha pasado mucho más que varios años. No he visto la NHK en mi casa durante 5 años, cosa que acabó hace dos meses: No tendría tiempo ni para verlo. No converso en japonés desde la última vez que me encontré con Nakandakari Sensei cerca del Centro Cultural, camino a casa. Ya ni siquiera veo anime para ensayar. El Telúrica Japan Edition nos dió a Leandra y a mí la chance de practicarlo con todo. No me habia sometido a un nivel de exigencia tal desde la época de los concursos de oratoria. Y ciertamente, Leandra y yo agradecemos esa oportunidad.

Y después de todo lo pasado, con años de ansiedad por ir, por no ir o por regresar… sencillamente me parece que todo ha sido como un sueño. La cuestión del viajar a Japón es algo que no suelo comentar con la gente. No me parece tan relevante mencionarlo, a diferencia de 1998, cuando estaba muerto por decirle a todo el mundo que estaba aprendiendo japonés.
En esa época sólo estaba estudiando en INICTEL y ni siquiera estaba seguro qué quería hacer en la vida. Quería conseguir algo pero no quería pagar el precio, a menos que me super-interesara, como el idioma japonés. Eso me llenó muchísimo. No habré sido un gran alumno, pero me esforzaba bastante. Entonces me interesé por el Jpop, cosa que los jóvenes nikkei, el incipiente colectivo de otakus que se manifestaba en ese momento y los reducidos y “locos” estudiantes de idioma japonés llegaban a comprender. Y con lo poco o mucho que sabía, llevaba mejor los rankings de música japonesa que los que pasaban en la radio local.

Aprendí a comer con palitos cualquier plato, aunque tuviera en frente un churrasco con papas.

Cuando regresé me deprimí. Eso era normal. Cuando pasé meses procastinando, o como decimos en Lima-Perú, en “plan webing”, mi salvación vocacional y psicológica fue aprender otros idiomas. Después de pasar por las aulas (no dije que hubiera acabado, sólo que he pasado) de la universidad y llegar al punto en el que estoy ahora, creo que si hubiera agarrado una beca al Japón para estudiar años o si me hubiera quedado allá, no hubiera llegado a la tranquilidad que tengo ahora: Hubiera perdido la chance que tengo ahora de haber hecho teatro y de hacer todo lo que ahora me define como “Población Económicamente Activa”, “Actor en proceso” y “estrella de tv” (cuándo no tú, Ocram 😛 ).

8 años se han pasado volando, y ahora me siento más joven. Aunque claro, mi conocimiento en Jpop ahora se reduce a fines de los 90 🙂

Atardecer

Me gusta lo que hago y me siento entregado. La recompensa que genero es volver a casa al atardecer (cuando no vuelo para ir a ensayar algo) y ver la tele, cosa que hago desde que regreso del nido. Ese hecho, aunque suene infantil, me llena un montón. Descanso y hago algo que de algún modo me conecta con mi niñez. Quizá esté el olor a “tarea cumplida” que a muchos les ha de parecer odioso. Para otros debe sonar al halago del conformismo. Nada de eso. Es un rato en el que me relajo viendo El Chavo del 8 como lo hago desde hace dos décadas, tomo mi lonche y compro el pan como lo hago desde que vivíamos en la casa de mi abuelita y, si hay suerte, comparto el pan con quien esté en la casa, ahora que casi no los veo. Todos tienen algo que hacer. pero no me quejo, porque cuando fui niño lo disfruté. Y ahora es el estandarte de mi cultura Kidult. Escucho La Inolvidable con los temas que me he acostumbrado a escuchar desde siempre a esa hora. Toda esa mezcolanza me hace generar algunas de las ideas quemadas que aplico en el trabajo, etc.

Sin embargo, desde que vivimos en Jesús María no he vuelto a ver el atardecer desde la ventana de mi sala. Mi casa parece hecha por el mismo que hizo el Rancho Skywalker, pero el de Tatooine. O sea, es bien complicado que entre la luz a la sala. Estamos rodeados de paredes y lunas polarizadas. No me deprime. Pero no es lo mismo que disfrutar el tomar café con leche y mirar a la ventana. Tengo una azotea, pero el lado que da al horizonte tiene una pared por el patio del vecino del otro lado. Pucha digo. Cada vez que salgo por las tardes me acuerdo del horizonte y no quiero perderlo. Y aunque no lo hago como antes, me enajena ver el atardecer frente al mar. Demasiado.

En Japón me ocurría casi el efecto contrario. Bueno, es que era verano y el cielo allá tiene un azul muy bonito. Así podía ver un atardecer rojísimo y la luna por las noches. pero de cuando en cuando me sentía algo triste, porque durante algunos días no veía ni una nube. Y nublaba. Y venía la lluvia, pero estaba contento, porque ese detalle me devolvía a Lima de algún modo, lo que no quiere decir que me deprimía Japón. Todo lo contrario. Pero me recordaba de dónde era.

El atardecer es como una muerte chiquita de todo lo que fue uno durante el día. Pero como la muerte misma, es sólo un estado de tránsito hacia otro estado de la existencia. Y si hay una luna por venir, pues vale la pena.