Archivo mensual: julio 2009

Elvira Travesí

Murió Elvira Travesí.

Muchos de mis amigos no la conocen, incluso los de teatro porque no ha sido una actriz familiar a la gente de mi generación. Yo tampoco la he conocido directamente (teatro), y cuando regresó hace unos años al Perú a recibir homenajes yo ya no pude verlos por una serie de inconvenientes. Sin embargo, me ocurría lo que me pasa siempre con la gente y los hechos que me son familiares: al tenerlos de manera recurrente en mi cabeza, siento que un homenaje suele ser más el formalismo. Suelo tenerlos presentes todo el tiempo y prefiero que sea así, antes que una solemnidad, a veces demasiado articulada.

Pero bueno, si Elvira Travesí no ha sido un referente directo en mi generación, no he visto aún “Maruja en el infierno” (película donde ella aparece) y menos la ví actuar en el teatro, entonces, ¿porqué me tiene que ser familiar? Sonará extraño y hasta atorrante, pero me ha sido familiar por algunas razones: 1) Mi madre siempre la mencionó como una gran actriz de teatro desde que tengo uso de razón; 2) mis profesores, sobre todo Herman Herman (Q.E.P.D.), me han contado ejemplos muy interesantes sobre su habilidad en escena; y 3) haber visto completa la repetición de “Nino: Las cosas simples de la vida”. Allí fue donde constaté algo de lo que mi madre y mis maestros me habían dicho durante años.

Nunca la ví en las tablas ni tenía ya chance alguna de hacerlo, pero repasando lo que hizo con su personaje de “Doña Santa” me doy cuenta que era una mujer de bastante carácter y presencia escénica, que realmente era actriz con oficio y harta clase. Probablemente debió ser tener caracterizaciones muy intensas en sus temporadas teatrales y a la vez mucho carisma, cosas que son muy difíciles de conjugar. Digo esto porque hay ya varios actores y actrices de cierta veteranía en nuestro medio que optan por lo fácil y cómodo, “jugando para la tribuna” al apoyarse en un par de gestos “llamativos” que dan lo mismo para el escenario y para el afiche, chocheando más de la cuenta y viviendo de su prestigio ganado en el pasado a base de esfuerzo, pero que hacen creer a mucha gente que un par de poses o inflexiones al hablar, características en ellos, son suficientes para justificar el ticket pagado. Y lo consiguen. No trabajan mal, pero ya padecen cierto relajo.

En lo poquísimo que ví de Elvira Travesí he notado que no perdía la fuerza nunca. Intuyo que su vena iba para personajes intensos en diversos niveles. Esto lo saco de un ejemplo que Herman Herman contó en una clase: Elvira Travesí tuvo una temporada con un personaje que no parecía muy notorio en la obra, pero tenía su peso porque hacía de suegra, si mal no recuerdo. Entonces, ella tenía una escena suegra-nuera en la cocina con un conflicto interno muy fuerte, pero que debía de disimular. Y aquí viene cómo se hizo notar ante el público y la crítica: Para esta escena, Travesí le mostraba a su antagonista una cara de aparente normalidad, mientras sus manos cortaban las verduras de manera nerviosa. Tenía una concentración a un nivel en que cabeza y brazos expresaban dos aspectos diferentes dentro de la tensión que su personaje atravesaba. Herman Herman contó que con esto se llevó al bolsillo a la crítica y fue elegida la mejor actriz del año, o al menos volvió a imponerse como una de las mejores.

Ahora, lo que mi madre siempre me mencionó es que antes los actores solían trabajar en compañías teatrales y los clanes de actores tenían varias generaciones dedicadas a las tablas. Bueno, esto medio mundo lo sabe. Pero lo menciono como algo que no veo ahora. Me parece exótico. De hecho, cada director reconocido tiene derecho a llamar a quien considere conveniente. Pero aquí el teatro (el comercial, sobre todo) parece un medio para legitimar la carrera de gente de televisión. Esto no es un delito. Sin embargo antes la cantera para el cine y la televisión eran siempre los actores de teatro. Que sean códigos distintos no quita que un actor de teatro no pueda adaptarse. ¿Y qué tiene que ver con Elvira Travesí? Pues ella actuaba desde pequeña en una familia de actores, su hijas Liz y Gloria María Ureta también son exitosas actrices y ya huelga hablar del resto de su familia: Son todo un clan de actores y actrices de los que mi madre solía comentarme que  han destacado en cine y televisión sin abandonar nunca su raíz, el teatro.

Colocaré, como medio mundo, el video de “Nino: las cosas simples de la vida”, y no veo porqué no. De lo poco que supe de ella es inspirador, y no exagero. Ojalá algún día también pueda arrancar comentarios semejantes sobre mi desempeño en un escenario. No descansaré hasta conseguirlo.

¡Gracias, Elvira Travesí!

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Bonus Track: Hablando de Nino…

Allí estaba también Gloria María Ureta, Arturo Puig (¡Cuando “Grande Pa!” estaba más joven!) y un jovencísimo Osvaldo Cattone. Esta es una producción que quisiera volver a ver. La estaban dando en la época cuando me fuí a Japón por primera vez y regresé a tiempo para ver cómo se estaba salvando el barrio de ser demolido por mandato de la millonaria madre de Cattone en la novela. En esa época estaba aprendiendo a preparar pizzas, y al hacer la masa de noche, me quedaba a seguir la historia durante la madrugada cuando la cambiaron de horario. Tenía muchos personajes simpáticos y bien delineados. Era una telenovela de su época, inocente a veces, pero muy efectiva y nada sosa. Los buenos y los malos (que no eran tan malos tampoco) tenían conflictos, habían muchas barreras que se rompían y la tensión se mantenía. Una buena historia que ahora mantendría muchos de sus matices originales fácilmente adaptados a nuestra actualidad: discriminación, inmigración, modernidad versus tradición, intereses económicos, inseguridad, negocios emergentes, etc. No me llamó la atención el remake de 1996 con Christian Thorsen (no sé porque esa adaptación en general me pareció algo tirada de los pelos), pero sí me identifiqué mucho con el protagonista, el Nino de Enzo Viena. Y prefiero recordarlo como el Nino original. Me gustaría tener la ocasión de interpretarlo alguna vez. Me recuerda mucho a Rocky.

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A-n-i-m-a-l

Y ni siquiera eso.

El ser humano (Homo Sapiens) es un animal racional, que se supone que “sabe lo que hace”, y eso lo diferencia y lo hace superior del resto de animales “irracionales”. Parece que el hombre ha basado su poder, en gran medida, en aprovechar su “superioridad” mental, llevándolo al desprecio por la vida de sus “hermanos menores”.

Leyendo “El Escudo de Orlac” me topé con esta nota. Aquí. Se trata de un tipo que se enorgullece de ser cazador aficionado de palomas y venados… y es ejecutivo de atención al cliente. Cuenta con cierto éxtasis cómo fue cazar por primera vez y cómo se relaja con esa actividad. La caza “alteró por completo su idea de distensión“. ¡Vaya una manera de distenderse!

Comprobado entonces que el ser humano es el único ANIMAL que mata por placer. Y así, “ANIMAL”, ni siquiera a los que llamamos “bestias”, “fieras”, “salvajes”…

Yo también tengo la idea que la caza, las artes marciales y los deportes de riesgo sacan algunos de los instintos más básicos del ser humano, especialmente en los varones, cuya fisiología está más predispuesta a estas actividades (obviando el hecho que las mujeres también las realizan con éxito). Es más, si de instintos se trata, las diversas técnicas de combate, los partidos de fútbol, las discusiones en el congreso y hasta los programas concurso serían como el “siguiente paso” de nuestros ancestrales ritos de enfrentamiento por el territorio y la comida, de demostración de fuerza ante la hembra, de ganarse el sitial de macho alfa, etc…

¿Pero la caza qué?

El fin original de la caza era matar al animal. Pero, ¿con qué propósito?

Al leer lo del individuo que caza palomas y venados y ver en la foto su rostro satisfecho mientras sostiene a sus pequeñas víctimas aladas, pues me doy cuenta que simplemente lo lleva el instinto de matar por placer. Ni siquiera es cazar para sobrevivir o como esas variantes de caza deportiva donde  atrapas al venado, pero lo mantienes con vida. Nada de eso. No es el cazador que vive en el bosque y se entiende a sí mismo como uno más de ese medio. Por último, si practicas tiro con arco (es un gran deporte, me consta), con rifle o afines pues sabes su propósito original en la guerra y en la caza, y asumes que esa posibilidad existe, pero no dejas de tener aunque sea un poco de respeto por todo lo que hay en juego, los relatos de caza se cuentan y se escuchan con cierta sobriedad, y hay cierto orgullito cuando el experto cuenta cómo enfrentó un reto, pero no lo cuentan con toda la pana que se manda el ejecutivo que cuestiono en este artículo.

Por alguna razón, los hindúes han considerado a los guerreros como una casta “permitida” de pelear en guerras y cazar animales. Si uno toma en cuenta sus preceptos religiosos, se ve que matar no es bueno para el progreso espiritual, pero es una posibilidad que puede darse. Un tigre caza un venado para comer y ninguno de los dos tiene mayor conciencia de ello, además que el tigre realmente necesita comer toda esa carne. Pero un humano ya no necesita carne o al menos no tanta. Sin embargo, al existir el instinto y la posibilidad de combatir, los que estén señalados para hacerlo (los guerreros) necesitan entrenarse, pero aún en esas circunstancias el hombre tendría que tener en cuenta que se trata de vidas que están bajo responsabilidad de uno.

Los nativos en la selva aquí nomás, cazan con la idea que sus presas también son hijos de la Madre Tierra. Hay relatos sobre cazadores irresponsables que han matado por puro placer y eso encolerizó a la misma Tierra. Incluso, hasta esa situación de matar un tigre para poder salvar la propia vida me parece más legítima que la manera de ver la caza del ejecutivo del reportaje. Y encima quiere tener hijos para enseñarles su visión privilegiada de lo que es relax: matar para botar las tensiones. ¡Genial!

Porque lo que más me aterra es cómo ese ejecutivo describe el placer que le causaba. Y todavía es “ejecutivo en atención al cliente”…

Es innegable que esa adrenalina y ese sabor están en una actividad así de peligrosa y novedosa, pero no se nota el respeto a la vida o a la muerte que le tocan a él como cazador y a sus víctimas también. Para este tipo, sólo se tratan de objetos de caza menor y caza mayor. Para ese tipo, la vida de una paloma vale algo más que un disco.

Broer, si te encuentras en una situación de “o era el tigre o era yo“, allí recién te voy a escuchar…