Archivo mensual: julio 2010

CANTAR EL “SOMOS LIBRES” CON CAPOEIRA

Una de las veces que más me emocioné cantando el “Somos Libres” en toda mi vida fue en un batizado de Capoeira, en el Circolo Sportivo de Pueblo Libre hace algunos años. Estaba en el paso a la corda verde claro (y tengo que retomarlo) cuando estaba en Candeias. Vinieron de Brasil Mestre Suíno, Mestre Sarará (con quien tuve el gusto de jogar en la roda) y dirigiendo todo estaba Professor Javali, lo máximo. También estaban invitados de Sul da Bahía entre otros grupos.
En la clausura del evento se tocó el Himno Nacional del Brasil, a son de Berimbau y atabaque, instrumentos infaltables en toda roda de Capoeira. Los brasileños lo cantaron con emoción y solemnidad. Yo seguí la melodía del himno porque lo conozco (y no sólo por ver fútbol). Cuando se tocó el Himno Nacional del Perú, al inicio hubo la solemnidad que tenía que estar. Sin embargo, después de jogar Capoeira tan bacán, el ánimo estaba tan alegre, y con los acordes de Capoeira sonando, de pronto empecé a moverme en mi sitio, llevado por el entusiasmo. Me imagino que habrá sido un sentimiento casi en simultáneo con otros, que también estaban haciendo lo mismo.
De repente todos empezaron a contagiarse, y luego a saltar y saltar. Los que llevaban los toques de Capoeira lo entendieron y aceleraron los toques. Todos nos envolvimos con eso en muy buena onda. La gente aplaudía contenta, los instructores iban de un lado a otra batiendo palmas, y al final de la canción terminamos levantando todos por lo alto al Professor Javali y haciendo vivas dentro de la tonada del Himno. Fue tremendo. ¡No recuerdo haber cantado el Himno Nacional con tanta alegría nunca en mi vida!
Creo que los peruanos deberíamos tomarlo todo con más alegría. La alegría andina es desbordante, como la amazónica, como la costeña. Y si en vez de una alegría marketeramente impostada sembráramos momentos como el que les acabé de describir, mantendríamos la cerviz siempre levantada como la cosa más natural del mundo. Mucho he escuchado aquí en Perú sobre los brasileños, su “hedonismo” y su “alegría desbordante”, mencionado como algo exótico, como una cosa que no es “decente” pero que al mismo tiempo envidiamos. El Perú ha sido ejemplo de asimilación de cosas malas, pero también de cosas buenas. Les digo que esa vez que canté el Himno Nacional del Perú al son del berimbau lo percibí como algo alegre y digno a la vez, en una nueva dimensión de la solemnidad, que es también sentir orgullo de algo. Siento que asimilé un valor brasileño en un momento peruano, sin dejar de ser peruano por cierto. Han habido muchas veces en las que me he sentido orgulloso y agradecido de ser peruano, pero en esa ocasión por primera vez me sentí REALMENTE BACÁN de ser peruano. Más pruebas: todo lo que se de idiomas, culturas, técnicas, tv, actuación, etc., los empecé a aprender aquí. ¡¡¡Aprendí Capoeira en Perú!!!
No sé a dónde me llevará la vida. De repente mis hijos crezcan aquí, en Brasil o donde sea, y aprenderán valores peruanos, brasileños o de donde sea se crien. Mis ancestros chulucanas y quechuas se cruzaron con gentes venidas de Europa, Asia y África y fusionaron sus valores aquí. Por eso esta lección la aplicaré doquiera mis hijos vean la luz. Y si es aquí y oyendo berimbau también, genial.
_._
A propósito de estas Fiestas Patrias en Perú, y con toda esa polémica del cambio de estrofa… Opino que nací libre y no tengo que someterme a nadie. Quizás si se cantara con esa actitud la segunda estrofa, todo sería distinto. Y aunque soy católico romano y creo en Dios, opino que no estoy de acuerdo con la estrofa que quieren que cantemos. ¿No que al César lo que es del César…? Y otra cosa, opino que las F.F.A.A. del Perú no deberían haber sacado esa mascota en el desfile. Algo fuera de lugar, tal como han venido haciendo las cosas estos últimos años.
Si Miguel Grau viviera en esta época… opinaría lo mismo, supongo porque se rebeló cuando vió algo que no le parecía correcto, y supongo también porque ahora hay más libertad de opinión que antaño, dicen…

Aquí sí se come bacán. Y no me vengan co

Aquí sí se come bacán. Y no me vengan con vainas… ¡EL HOMBRE PERUANO SIEMPRE HA COMIDO SU PLATO BIEN TAYPA, CARAJO! xD

Los amantes: Teoría y práctica del amor escondido. (Via Supay-666)

*Este debe ser el mejor post que he leído en tiempo. Me gusta porque lo que dice es algo que parece ideal pero es real: Una pareja de amantes ejerciendo es algo a la vez romántico, carnal, sexual, sensual, aventura… Con ustedes, el ensayo de Luis J. Torres, “el Supay”: “Los amantes: Teoría y práctica del amor escondido”.

Los amantes: Teoría y práctica del amor escondido.

No cualquiera puede ser amante, es un trato con uno mismo y con la otra persona, es la promesa constante de hacer feliz, de estar siempre allí,  de hacer sonreír. Ser amantes es brindarse un amor desinhibido, es, en palabras de Sir Oscar Wilde: el amor que no quiere decir su nombre.

Son justamente estos amores los que dan vida a aquellos y aquellas que se pensaban fríos y sensatos. Estos amores siempre en juego son el lado oscuro de la luna, son el aceite que hace girar la rueda del progreso, son la vela encendida en la oscuridad del hogar, en el frio de la cama.

Los amantes son los que se obedecen por fin a si mismos, los que escuchan recién a sus cuerpos y a sus almas. Son ejemplos  de civilización humanista, la negación de la maquina y de la álgida razón. Es, la negación de lo establecido, una revolución del espíritu, una lucha por los derechos a el placer y la satisfacción. Es atreverse a cambiar todo lo conocido y acostumbrado.

Pero, es también volver loco de placer al otro en ese juego eterno y constante, pero siempre cambiante, jamás aburrido, que es el abrazo perfecto.

Ustedes no quieren palabras sensatas cuando se habla de los amantes, quieren pasiones desbordadas, escenas increíbles de destreza y técnica, de resistencia y potencia, de alquimia sexual.  Los amantes son más que eso, hablare de los amores furtivos, los amores negados y que son los más disfrutados, que son fuertes por la fuerza que produce lo difícil de su situación. De lo excitante que es amar así por lo que entraña el peligro de ser descubiertos. De esconderse y amarse profundamente, desesperadamente, ese aprovechar las pocas horas que se tienen juntos para poder besar esos labios que esperaron pacientemente, languideciendo de calor y deseo ante esa persona que si nos despierta calores terribles, tropicales. Calores que no apagan ni siquiera los inviernos mas crudos ni las ocupaciones mas cansadas, amantes que se imaginan durante la vigilia, que se translucen por entre los rayos de sol y que se sueñan en las noches de luna y estrellas.

Los amantes no duermen jamás, ellos esperan, sueñan siempre con un próximo encuentro y sus labios buscando los labios del amado, besando el aire o la almohada, esperando que algún dios sea benévolo y cumpla el milagro del encuentro y el extravió. Para la unión completa y total de espíritu y  materia, de sudor y saliva, de pericia y paciencia.

Ellos no han de ser jamás egoístas, ambos se buscan en el otro, y mientras retozan y retuercen, ambos se buscan en la mirada y tratan de ver su reflejo en los ojos ansiosos y excitados. No pueden permitirse que esos escasos momentos se pierdan y por eso dan todo de si para que todo sea perfecto. No anteponen jamás su placer, buscan el máximo placer de su compañera o compañero, por que saben que en el placer de la otra persona esta la clave del amor verdadero, y por eso saben que el verdadero nirvana reside en las emociones que despiertan y en las sensaciones que hacen florecer. Ellos no pueden ser egoístas, ambos tratan de dar el máximo placer que la carne y la imaginación puedan darse y por eso mismo aplican toda su sapiencia y control, toda la armonía necesaria para lograr el ideal; el abrazo perfecto y profundo que se desencadena en ese vendaval, ese remolino y ese mareo, en ese grito ahogado,  oh, como dicen en Paris, esa sabio pueblo de amantes inmemoriales, buscar Le petit mort.

Pero, no, no piensen mal, ellos ha sido estigmatizados por los que no sonríen, por los reprimidos, por las sociedades aburridas, por las hipócritas.

No son solo copula y éxtasis, no, desengáñense, no todo es solo una unión salvaje y continua, no, ellos se quieren de la manera en que deberían quererse todos, pensando siempre en que la otra parte no sufra ni padezca por nada ni por nadie. Haciendo que esas horas o días que estarán juntos sean casi eternos, haciendo que cada segundo valga la pena y que cada palabra sea un poema. Observando el sueño y velando su descanso, esperándolo con una gran sonrisa y ofreciéndole sus amorosos brazos abiertos, el cabello limpio y perfumado de incienso y mirra, de especias orientales y rosas recogidas en la tarde.

Ellos sufren, y de ese dolor terrible es culpable el destino, ellos, ellos no tienen la culpa de estar ya casados, o con hijos. No tienen la culpa de haber encontrado a sus almas gemelas en tiempos diferentes, en otras latitudes, en países exóticos, en mares extraños. El destino es el que hace que conozcan sus amores en años diferentes, en tiendas de libros, en bares alegres, en hoteles de paso.

Se aman, y su amor tiene el encanto de las calles que ellos cruzan fuertemente abrazados. A veces, temiendo ser reconocidos, y entonces ellos se van, a paso rápido, donde su amor no sea interceptado, y ya solos, explotan en besos y miradas, y se buscan las bocas envolviéndose las lenguas en capullos de seda y corales. Se acarician, se observan detenidamente, como si temieran cerrar las pestañas y perder esa imagen adorada. En la cama de hotel, en la cama desordenada, el le canta viejos boleros, baladas, romanzas. Ella le habla con cariño infinito en lenguas desconocidas, mientras saborea su piel con los dedos, recorriéndolo palmo a palmo, como haciendo un mapa de su cuerpo, como para reconocerlo hasta en las noches mas oscuras.

Los amantes pueden ser de diferentes países, de colores y lenguas, pueden pensar diferente, pero nada de eso logra impedir que ellos se busquen ávidamente, que se extrañen y se esperen, no hay distancia para los hilos de plata que se trazan entre ellos, no hay razón que valga para su amor de adolescentes, por que no importa que edad tengan, ellos siempre serán dos niños que se necesitan como solo un niño y una niña pueden necesitar de un abrazo y un te quiero.

No importa cuantas vidas o parejas estén en su pasado, el amado siempre será el primero, y, en sus corazones, serán también los últimos, y los únicos de ese universo que es la vida de una mujer y un hombre enamorados.

Amantes, hombres y mujeres acoplados perfectamente, en el abrazo perfecto, unidos en un solo corazón, latiendo a la distancia, haciendo planes de encuentros, de besos volados, de cartas ardientes, de deseos lejanos.

Los amantes, tocándose los dedos bajo las sabanas, mirándose profundamente, sabiendo que quizás esa sea la última vez que se ven.

Lloran a escondidas, lamentando no poder ni siquiera rozar una mano, apreciar quizás, su imagen a lo lejos. Por eso urden planes, trazan planos, fijan horas, buscan excusas, escapan por unos días. Las miradas cómplices de los hosteleros los acogen. Afuera, la ciudad gris camina su paso cansado, con su suave garua humedeciendo las aceras y avenidas.

Dentro del hotel, un hombre y una mujer están absortos en su ritual mágico, adorando el Lingan y el Yoni, Tantra de los sentidos, de los despertares. Yoga del aire, del cielo, de la tierra. Buscando los ángulos no buscados, reencarnándose en los Nirvanas del mareo y la maestría del beso de kamala, ahogándose en el Kundalini, alimentando la serpiente mágica del orgasmo continuo.

Oh, divinos amantes siderales, oh incansables centauros de los caminos, oh bellas ninfas de los ríos, princesas europeas e Incas citadinos. Le escribo a la que esta lejos, a la que suspira, tan dulce y ardiente, y de pies fríos.


25 julio de 2010 – Luis J. Torres

¡¡¡GRACIAS URUGUAY!!!!

Si no te conmovió todo lo hecho por el conjunto charrúa en Sudáfrica, no sabes vivir el fútbol…

Sólo decir que Uruguay ha sido puro corazón este Mundial, hasta el último momento. Efectivamente, nunca se dio por vencido ni aún vencido. Murió en su ley. Murió de pie.

Comentarios al paso: De los tres europeos que quedan (porque mañana recién se ha de jugar la otra llave, la de Alemania-España), queda simpatizar por Holanda por el buen juego desplegado a lo largo del torneo. Entre las selecciones de Europa, admiro desde siempre a Holanda por su juego elegante y eficaz. Pero en esta ocasión sólo podré decir que “simpatizaré”. No significa que voy a hinchar como lo hice por Argentina o Uruguay porque ellos antes que cualquier otra selección en Sudáfrica. Quizás a los naranjas se les haga lo de “a la tercera…”.

Además, me parte el corazón que al Maestro Oscar Washington Tabárez le haya ocurrido esto justo en el Día del Maestro. Ese apodo de “el Maestro” no es por gusto. Él, paralelo a su actividad como futbolista y luego como entrenador, tuvo por vocación la docencia. Era profesor de colegio. No es gratuito ese carisma, esa sencillez y esa cultura que también ha sabido aplicar en los equipos que dirige. Al menos con este Uruguay, como dijo: “me daban por muerto” y acabó clasificando a semifinales. Tengo una sensibilidad especial con los profesores: Soy hijo de una profesora de colegio estatal, y ni qué decir de “Los Profesores”, la obra que más veces he representado en mi corta carrera actoral y a la que le debo mucho.

¡Aplausos al equipo que llenó de emoción y alegría al pueblo en los cinco continentes con su entrega! ¡Gracias por ese corazón, celestes! ¡Gracias Forlán y gracias Maxi por esos golazos! ¡Gracias, Tabárez! ¡Tus guerreros lo han dado todo en tu día, Maestro! ¡GRACIAS!

10 / Via Crucis

El Barba (me permito referirme al de arriba así) no quiera que este Vía Crucis culmine en una verdadera tragedia. Pero Diego carga con una presión que cualquier humano no podría soportar. Yo no podría. Siento que la causa de mi muerte, de ser natural, será un ataque cardíaco. Aún no es mi hora, sin embargo sé que soy muy susceptible, no lo niego, y que mi corazón se sobresalta mucho. Por eso mismo me imagino la presión horrible que debe recaer en Diego Armando Maradona en estos momentos, tomando en cuenta todos los abismos y escollos que superó en su vida. Sólo soy un hincha, desde Lima, Perú. Y sí, soy un negro de sangre caliente que simpatiza con el fútbol argentino y con Boca Juniors. Que me digan lo que me digan. Sé sufrir y sé alegrarme viendo fútbol. Pero sólo soy un hincha, y la bronca que tengo no se podría comparar con todo lo que Diego, el mejor de todos, debe estar sufriendo ahora mismo. Yo no he podido dormir bien. Pero sólo soy un hombre como tantos. El Hombre debe estar sin dormir tranquilo durante días, que es un limbo terrible. Sólo le ruego al Padre Eterno (porque hasta un D10s cree en él) que lo guarde de todo mal. Al fin y al cabo, Diego es D10s para el fútbol, pero sé que las 8 persignadas que solía hacer tenían mucha fe. El Barba (le llamaré así por esta ocasión) sabe lo que hace. Sabe lo que hace, Diego. AGUANTE 10!!!!!!!

_._

* Este ensayo es para terminar de contarles lo que siento con la eliminación de la Argentina del Diego. No he podido dormir de la bronca.

Ahhh, por Dios..

Esto me representa la cosa más cercana al Vía Crucis.

Salvando las distancias con el Galileo, en este momento el pueblo está presenciando a un hombre que carga sobre sus hombros una cruz pesadísima. No lleva los errores de la humanidad, pero quizás sus errores al mando de un equipo bien valgan por una humanidad, que ahora lo juzga como culpable y se mofa de él. Lo apedrean con rotativas y los abucheos son celebrados vía satélite. Cada golpe de teclado buscando su condena vale lo que un latigazo. Son millones de latigazos. La saliva está cargada de hierro, ácido y burlas y más burlas.

Parece mentira que hace muy poco su entrada en la Pascua del Fútbol Mundial era recibida con expectativa, y se elevaban palmas. Algunas recomendaciones prudentes asomaban, algunos saludos reconfortaban, pero en general se ahogaban en medio de un pueblo polarizado entre el triunfalismo y el escepticismo. Ahora hay una inmensa mayoría que grita “¡Crucificadle! ¡Crucificadle!”, mientras otros, incluyendo niños, algunas mujeres y los hombres más jóvenes como los más viejos miran con impotencia ese espectáculo. Alemania, implacable como los romanos en su momento, hizo lo que tenía que hacer, no se le puede achacar nada, excepto por algunos que desde la tribuna ya se están rifando su manto. Y casi como Pilatos, Alemania, aunque sea su bestia negra, es inocente de la sangre de ese hombre, a poco de ser azotado en el Obelisco.

Ese hombre que dijo que había que creer. El que representaba volver a la Gloria tras el Tercer Campeonato, el que se encarnaba en el Mesías indicado para liberar al pueblo del yugo de la Roma del balompié y traer nuevamente el agua a la Tierra Prometida, que estaba sedienta de títulos. Ese hombre que denunciaba en estas Pascuas la crueldad de la guardia pretoriana, que no sancionaba las faltas que debían, o incluso, permitían fatalidades que afectaron a propios y extraños. Ese hombre que no tenía grados, no tenía más crédito que él mismo para llevar con sus apóstoles el evangelio del buen juego, aún cuando se enfrentara a los ataques de ciertos tipos que tenían un poco de Judas adentro y pensaban que no era el que esperaban esta vez, como un tal Passman Iscariote. Y viendo este espectáculo están Platini, Pelé y Blatter en el Templo, eran sacerdotes y mercaderes a la vez. Recordaban cuando el Hijo del Hombre de Villa Fiorito entraba a expulsarlos, acusándolos de manchar la pelota. Están casi como Caifás, Anás y Herodes Antipas.

Ahora el hombre de la cruz está sufriendo por sus propios pecados, sí, y además con toda la humanidad encima. Los hay que gritan: “¡Levántate y si eres D10s, trata de ganar la Copa tú solo!”. Espetan cosas como: “¿No era éste el que blasfemaba contra la FIFA y decía a los fariseos que la sigan…?”. Lo retan: “¡Tú dijiste que ibas a Campeonar al tercer día! ¡Habla ahora!”. Avanza mientras debe estar avanzando Doña Tota con él, soportándolo todo en silencio. Lloran las mujeres como Dalma y Gianina. Lloran los hombres como Mascherano, como el Maxi, como Higuaín. Los hombres también lloran…

El Apache dijo “es más jugador que técnico”, y el gallo cantó por tercera vez. “Sobre esta piedra construiré mi Fuerte”.

Algunos dicen de Messi: “es un buen jugador, pero no es nuestro Mesías”. El hombre no dejó de confiar en él: “En verdad os digo que todo lo que le dicen a él me lo dijeron a mí en su momento”.

Y han insultado su nombre otra vez más. Y han dicho que no es quien dijo que era. Y en nombre de eso los fariseos y celotes blasfemarán más fuerte y van a terminar por manchar la pelota, su Santo Grial…

Es la crucifixión. Aparecerán falsos profetas, los romanos serán más implacables, los fariseos seguirán blasfemando…

Sin embargo, una vez más, al tercer día… al tercer día…

_._

Como mencioné en algún videoblog hace un par de años: “Maradona hizo muchas otras cosas más. Hizo tantas cosas que si se las contara detalladamente no nos alcanzaría el servidor para contener tanto capítulo“.

Para Diego Armando Maradona (te banco a morir)

Estimado Diego,

A estas alturas no es fácil hablar sobre cualquier cosa. He pasado un día anodino desde que apagué el televisor, excepto por lo de Paraguay, pero ya no importaba nada. Sin embargo, y eso tenlo claro, no me importa lo que digan. YO TE BANCO IGUAL.

Y sí, a pesar de los errores de estrategia y de otros en los que se puede incurrir como incurre cualquier persona. Es cierto que Argentina no estaba sólido por detrás, que Alemania es un gran equipo, que con cábalas y motivación per se no se ganan los encuentros, que los cambios, que Messi, etc. Hay cosas que no se pueden tapar con un dedo, pero vamos, hasta este partido mismo te la jugaste con todo y perdiste con todo, pero, y óyelo bien, siendo tú mismo, siendo Maradona, siendo argentino. Y sin despegarnos de la cruda realidad de la derrota y los problemas, te digo que esa voluntad de apostar a ser tú con Argentina es algo que te agradezco de corazón.

Porque esa Argentina que jugó en el Mundial nos devolvió a todos en el Mundo la ilusión de ver un equipo que tenga vocación ofensiva, que, con sus falencias y sus plusvalías, siempre buscó el arco rival, que buscó e intentó el toque; que no dejó de apelar a su garra e incluso fue dejando el machetazo en el desván. A lo largo de estos 5 encuentros se ha visto un conjunto que daba a soñar sin olvidarse de su ADN. En un torneo y una actualidad en la que varios técnicos alcanzan el renombre a costa de matar el fútbol, despreciar el sentido del juego y tratar la pelota como cualquier cosa menos la razón misma de este deporte tan bello, tú intentaste algo diferente, pero siempre a tu manera.

Por ejemplo, ¿los brasileros dirán lo mismo de Dunga? Dunga armó un equipo, le dio estrategia, le dio algunos títulos a la verdeamarelha, pero le quitó la esencia de ser Brasil. Su caída debió de ser aplaudida, no por ser él, sino por lo que le hizo a su tradición. Los equipos africanos jugaron horrible, borrando la “africanidad” de sus botines. En cambio, la actual Holanda, siendo inferior a otras generaciones, se acordó que fue la inventora del fútbol total. Alemania le dotó a su disciplina un toque que le era más ajeno que propio. Hasta Japón y Korea del Sur han crecido sumándole técnica y corazón a su consabido fútbol de velocidad.

No hay que traicionar a la propia tradición en el sentido de cómo busca el triunfo. ¿Qué consiguió Passarella con sus desalmados y frígidos planteamientos en el ’98? ¿Qué logró Bielsa al abortar una sociedad Batistuta-Crespo en el 2002? Diego, la manta quizás te quedó muy corta, pero te decidiste por ir al frente como siempre fue tu sello. Y de un equipo decaído anímicamente conseguiste amalgamar un juego vistoso en varios episodios. Te bancaron en las eliminatorias y se notó un crecimiento en el rendimiento. Y si caíste como técnico y nada se dio ante Alemania, así es el fútbol. Sobre cuestiones tácticas va a ser inevitable que te critiquen y darán argumentos más sólidos que otros. Los asumirás. Pero le dotaste alegría a una selección que se vio sombría y apática durante cierto tiempo. Le diste la confianza a Messi, y aún eliminados le ratificaste tu apoyo. Que sea o no sea el Mesías que asuma tu lugar, eso sólo queda en él. Pero igual lo bancaste cuando nadie lo quería, lo apoyaste cuando no podía anotar y lo aplaudiste cuando generaba las jugadas de gol. Y así hasta el último. Fuiste consecuente, Diego, en muchos aspectos. Y sorprendiste cuando nadie daba por tí ni por tus muchachos. Ahora que hablen todos, pero que recuerden y que hagan el balance.

De fútbol nadie sabe más que tú en este planeta. Nadie te va a enseñar algo que es tuyo. Nadie va a sentir la albiceleste como tú porque te pertenece. Nadie va a querer a la selección argentina como tú ni le va a dar lo que tú le diste. Y creo que ha sido en la búsqueda de una Argentina que juegue como Argentina que acertaste y también que te equivocaste. Y la Argentina que tú conoces juega con garra y con alegría. Eres auténtico y fiel a tu idea del fútbol. Eso te lo vamos a agradecer siempre.

Cuando acabó el primer tiempo, no veía improbable una remontada albiceleste, y aún así, si no se revertía el resultado de todos modos tu trabajo estaba cumplido en cuanto a buscar y buscar. Todo estaba consumado. Pero nunca ordenaste un marcaje desleal y nunca mandaste destruir el desarrollo del partido, ni con los alemanes ni con nadie. Y, si hasta ese punto del Mundial hubo episodios donde la astucia se confabuló con las circunstancias para marcar gol, tus hombres la reivindicaron con gracia y elegancia. Como en el ’86, cuando la astucia (díganle “negativa”) del primer gol con la mano fue tornada para el segundo golazo en (además de una astucia “positiva”) una gambeta y un quiebre, como para no dar lugar a dudas de que el mejor fútbol es Made in Sudamérica. Y como en el ’90, jugaste infiltrado durante el Mundial, con todo en contra, y te robaron la final, pero ni aún así renunciaste a tu esencia de pelear junto con el balón como aliado, nunca como enemigo.

Si te quieren bajar, ¿quién podría? Ojo, sólo te debes al pueblo argentino y a todos los que les gusta el buen fútbol y a todos los que hemos evangelizado tus hazañas ante cada incrédulo o ante nuevos discípulos. Si antes fallaste con Racing y Mandiyú, le descubriste aciertos con la Selección Mayor. ¿La AFA? Si ellos son lo suficientemente inteligentes para entender el fútbol como para entender de negocios, tendrán que comprender que lo malo se corrige, lo bueno se mejora y lo que funciona se debe hacer seguir funcionando. Estés o no al frente del seleccionado, no hay que ir por el borrón y cuenta nueva. Hay base. La mitad de este equipo puede darle a Argentina el Tricampeonato en Brasil 2014, soñando con el Maracanazo 2.0. Puede ser. Demichelis, Heinze y Verón ya no creo que lleguen. Pero están Pastore, Clemente, Pipita, el mismo Masche, Messi porqué no, el Kun, y sobre todo, el Apache Tévez, tal vez el apóstol que mejor te puede haber representado y que es algo que todos en el Mundo nos sentimos complacidos cuando lo vemos jugar. El Apache, guerrero como ninguno. Y esa base la ayudaste a re-descubrir tú. El fútbol es magia y es entrega. Y si quieren planteamientos pensando en el resultado, revisen otra vez el fiasco que han sido los esquemas europeos conservadores, frígidos y sin alma. Porque fracasar y caer siendo consecuente con uno mismo es una cosa. Nadie quiere fracasar ni perder, pero es preferible caer siendo fiel a la propia idea. Fiasco ha sido lo de Italia, Francia e Inglaterra. Y para insípidos y pechos fríos, los ingleses…

¡Y qué digan lo que quieran y disparen en el pelotón! Hay gente que lo hace todo el tiempo con todo el mundo. Y que hablen, sobre todo esos agoreros que rumian amargura. Es que esa mala leche la tienen tan adentro…

Diego, entraste al mismo club de entrenadores-jugadores como Cruyff y Beckenbauer, al que no entrará Pelé. Y si hay quien te pueda decir algo en ese club, sólo podrían ser ellos. ¿Pero Pelé? Con el respeto a su trayectoria y a todo lo que hizo en el fútbol ¿Quién es Pelé? ¿Hizo algo especial en Suecia ’58, con Didí, Zagallo, Carlos Alberto y Vavá como abanderados? ¿Quién se cargó a todo Brasil en el hombro y lo llevó a punta de regates y goles al título en Chile ’62, acaso lo más cercano que puede haber hecho humano alguno con lo que lograste en el ’86? ¿No fue Mané Garrincha, la alegría del pueblo? Bueno, de Pelé, México ’70 fue indudablemente su Mundial, donde jugó además con otros genios en el ataque como Gerson, Tostao, Jairzinho y Rivelino. Y aunque fue prudente retirándose como Campeón vigente, se nota en él cierta manía de quedar como intachable, aún hipotecando su fútbol, su imagen y su prestigio, especulando con ellos como cualquier corredor de bolsa. Porque mi padre sí vivió esa época y puede dar fe de lo que digo. A él no le van con cuentos. Nunca se ha visto, ni se verá, a Pelé bajando de su nube para meterse palmo a palmo con un equipo y comprometerlo.

Si te tienen consideración en la AFA, lo último que deberían hacer es destruir esa identidad que has estado reconstruyendo y por lo que los hinchas en todo el orbe te han pedido perdón: Porque has empezado a recuperar el rostro de la Selección Argentina. Y es esto lo que me anima a escribirte este mensaje en la botella. Era muy pequeño en el ’86 y el ’90, pero te he visto jugar en tu regreso a la Selección en el ’94. Te seguí en tu regreso a Boca Juniors hasta tu último clásico en el ’97. Seguí tu homenaje en el 2001 cuando te elevaste entre todos diciendo que la pelota no se mancha. Acaricié con devoción un balón que obsequiaste a la tribuna cuando viniste a jugar un amistoso en Lima hace un par de años. Cuando te designaron técnico, usando la razón creí que a pesar de tus limitaciones como entrenador serías la mejor opción en ese momento porque tú amas a la camiseta argentina como nadie y que eso te haría lograr cosas. Sufrí los goles en La Paz y en Asunción como propios. A pesar de ser peruano, quería que llegaras al Mundial como entrenador, cosa que me enfrentó con algunos paisanos y me amistó con otros compatriotas. Grité el gol en Montevideo, para nada contra Uruguay, pero sí por Argentina porque te daba la clasificación. En casa hemos gritado cada gol de tus muchachos en Sudáfrica y nos ilusionamos, así como sufrimos con todos los que recibieron en contra. Me he referido a tu carrera y tus logros ante todos con historia, con humor, pero siempre con el respeto a tu figura.

El fútbol habrá sido importado de Europa, como nuestro idioma, muchas de nuestras costumbres, mucho de nuestro ser. Pero en Sudamérica le dimos un corazón y lo hemos hecho bello, glorioso, feliz. Y como Sudamericano, sé que ya estás en nuestro ADN.

Eres el Ave Fénix disfrazado de humano. Dirán otra vez que estás muerto y que no tienes más nada que dar… Siempre lo han dicho, y siempre se han tenido que tragar sus palabras cada vez que regresaste, radiante, dándolo todo. Ese es tu sello, Diego. Eres el Padre y eres el Hijo, y siempre que sea necesario, regresarás otra vez a la tierra para acercarnos a los cielos.

Creo en Dios. D10s existe.

Gracias Diego,

Roberto Cuba

¡¡¡TE SALUDO, URUGUAY!!!

*Aunque debería titularlo más bien “Desearía ser uruguayo… ¡Qué envidia!”. Pero eso tiene un porqué…

Uruguay acaba de ganar por penales a Ghana 4-2, después de haber empatado 1-1 en un partido que los ghaneses llevaban el orgullo de todo un continente, y los uruguayos, el orgullo de poseer una historia en el fútbol a la que no le podían fallar. Y ganaron siendo URUGUAY, con huevos, con su garra charrúa, frente a un rival muy duro, de enorme despliegue físico y con un planteamiento táctico a la europea. Le ganaron a un equipo que jugaba de “local” por el apoyo de todo el estadio sudafricano. Y ni qué decir del árbitro Benquerenca, de Portugal, quien, a mi parecer (y no debo de ser el único), arbitró de manera muy parcial, perdonando entradas que un colegiado decente castigaría con sendas amarillas y algunas rojas. Árbitro mal querido por todos los que hinchábamos por los celestes en este encuentro, un juez que se desentendía del juego brusco de los africanos. Bueno, el mal arbitraje es uno de los pasivos de este Mundial…

Pero, volviendo a lo que comentaba… ¡Qué manera de dar la cara! ¡Qué coraje! Luis Suárez, el goleador de Uruguay, revelación del Mundial y pieza clave en el equipo, estuvo en la línea de meta, poniendo las manos para evitar el gol de Ghana en el último minuto… Iba a ser de héroe a villano, eso lo iba a decir todo el mundo si Asamoah Gyan convertía el penal. Y qué conmovedor verlo llorar, y de allí a la estallar de euforia por el tiro al palo del africano. El recurso de evitar el gol al precio que fuera, aún de la propia expulsión. Cometió una falta y la asumió, se hizo cargo, aceptó el castigo y lloró su impotencia. Pero esto no tiene dudas: ¡Qué coraje para evitar la caída del arco propio a costa de sí mismo! Y en una instancia como ésta sólo se puede ganar o perder. No hay más.

¡Qué espíritu! ¡Desearía ser uruguayo en este mismo momento! Y no lo digo con afán oportunista, puesto que así como he gritado el memorable gol del Chorri al Uruguay del gran Enzo Francescoli en las eliminatorias rumbo a Francia ’98, he gritado con una rabia insólita el golazo de Forlán y los penales yoruguas por ese carácter, esa garra, ese espíritu de no darse por vencido ni aún vencido, que es una frase que siempre me ha dicho mi padre, y que me quisiera hacer aún más patente por el resto de mis días.

El tiro libre de Forlán y cada penal convertido por Uruguay los gritaba con una mezcla de alegría y exaltación por Uruguay, así como de cólera y rabia por las injusticias arbitrales y, cómo no, maldiciendo a Blatter desde adentro, para que vea que el fútbol, ese deporte que probablemente no haya jugado nunca, es algo que puede sacar lo mejor de un hombre y de un conjunto de hombres. Eso que se juega, como era la consigna charrúa en la final de Brasil 1950, “con un huevo en cada zapato”.

Si la tecnología ayuda, bienvenida, pero antes que nada el fútbol es humanidad. Y la humanidad de las naciones uruguaya y ghanesa quedaron al descubierto, dándolo todo. Los ghaneses, definitivamente, le dieron más color a este partido que todos los otros encuentros jugados por equipos africanos en Sudáfrica 2010. De todos modos, demostraron que aún tenían arrestos de buen fútbol por en medio de los aburridos sistemas europeos que castraban su naturaleza libre, potente y enérgica. Pero a su vez nos hicieron ver que todo eso necesitaba ser encauzado por cierto orden, lo que no lograron cameruneses, nigerianos o marfileños. Y se erigieron como un gran rival. Y recuerden, que uno es grande en la medida que sus rivales son grandes. Los ghaneses lo fueron. Arañaron el triunfo como nunca, y perdieron como nunca. Lloraron como niños lágrimas de hombres, porque en medio de sus errores, descubrieron su inocencia y un hecho imbatible: Uruguay le ganó a los potentes africanos jugando como Uruguay, que es mezcla de oficio, técnica, garra, y tradición. Mucha tradición.

En la previa, el Maestro Tabárez había declarado que ésto iba por la tradición futbolística del pueblo uruguayo, y que sobraban los dedos de la mano para contar los países en el mundo que tenían esa tradición. A saber: una tradición en la que el fútbol realmente afecta a la vida de una nación en todos sus ámbitos. En la que el fútbol es una realidad y un sello, igual de tangible como el escudo o el himno nacional de un país.

Pero, por sobre todo, esa tradición de ganar, no como lo más importante, sino como lo único. Y sin dejar de competir. Atrás quedó la época en la que Uruguay se dejó atrapar por el fútbol de carnicería, en la que cambió las caricias al balón por las puyas, en la idea del mero pelotazo, permitiendo incluso que entrenadores poco felices lastren/castren a sus dirigidos con medidas absurdas como evitar celebrar los goles por considerarlos una pérdida de “valiosos minutos”. Felizmente, esa época sombría ya pasó y podemos ver a un equipo aguerrido, pero que le recordó a Uruguay la esencia de sus campeonatos más valiosos, los que lo llevaron a merecer el honor de celebrar el Primer Mundial de Fútbol: El fútbol de potrero, con garra, con toque, con orgullo.

Forlán, frío en sus ojos, frío en su cabeza, frío a la hora de borrar a la zaga adversaria y al momento de ejecutar al portero rival, con una mirada castigadora e inmisericorde al momento de cobrar una pelota parada. Y sin embargo, nos arranca gritos de gol llenos de fuego.

Y cómo desconocer el trabajo de todas sus líneas. Muslera parece apenas un niño pero se planta en el arco como un veterano. Diego Pérez es más veterano, pero no pierde al niño que lleva dentro cuando recuerda que el fútbol es un juego por encima de todo. El loco Sebastián Abreu. ¡Hay que estar loco para definir así! Y un país donde la pasión es parte del carácter nacional no podía dejar de producir al capitán Diego Lugano, que de seguro habría deseado no tener nervios para no sentir el dolor que lo sacó de la cancha. Pero, destacando entre todos, quienes lo hicieron muy bien, surge la figura de Fucile…

¡Fucile, Dios mío! Si eso resume lo que es ser uruguayo, entonces deseo renacer como uno de ellos si pudiera. No desmerezco mi nacionalidad ni las virtudes que como peruano me dieron mis padres, peruanos ellos también. Pero si hay algo que, creo, mi padre y mi madre me han enseñado, cada uno por su cuenta, es a no rendirse y a pelearla hasta terminar la pelea. Y Fucile… no sé si empezar por su desempeño en la cancha o por esa manía de no dejarse morir cuando cayó tras la atropellada de Inkoom y que pudo haberlo sacado del partido… o de la práctica del fútbol. ¡Eso es poner lo que se debe de poner! Y a eso sólo se le puede aplicar la frase “tener huevos”. Sí, y eso no debería ser un término considerado procaz, porque lo que hizo al seguir jugando y dando de sí cuando otros ya hubieran pedido su recambio es tener huevos, llevarlos bien puestos y enaltecer esa frase. Si prefieren usen los términos “gónadas”, “testosterona” o como gusten, pero eso es algo que sólo se entiende cuando eres varón y te gusta el fútbol bien jugado y con harta entrega de sí. Fue un caballero jugando un deporte de caballeros. Y si hay algo que se llama “raza” en una población multiracial y de origen inmigrante como se suele considerar a nación la uruguaya, pues esa “raza” es lo que le da el carácter y la forma de ser a esa nación. Solo existe otra nación que puede demostrar algo semejante en el fútbol, y esa es la nación argentina, con la cual comparte demasiadas similitudes en carácter e inspiración como para no imaginar que, si hubieran sido un sólo país, el Mundo entero hubiera visto jugar juntos y en el mismo equipo a Varela y a Di Stéfano, a Maradona y a Francescoli, a Forlán y a Messi, a Tévez y a Suárez…

Pero volviendo a la singularidad uruguaya, esa que la hace tener más habitantes fuera que dentro de sus fronteras, la misma que acoge la murga y el rock, la del estado laico en Sudamérica, y la que suda fútbol como pocas naciones, muy pocas que sobran dedos de la mano para contarlas, la del espíritu indomable… No deseo ser uruguayo por treparme al coche, ni porque considere que las uruguayas están entre las mujeres más lindas o que su cielo y su mar son incomparablemente celestes como se ve en las fotos. Nunca he ido a Uruguay y sólo he tenido uno o dos amigos uruguayos. Incluso, quizás ni siquiera por su fútbol mismo, pero sí por su manera de ser que se manifiesta a través del fútbol. Hay un viejo dicho que reza: “No hay uruguayo cobarde”. No existe. Y nada que “la Suiza de Sudamérica”. Primero, porque tener un país con valores cívicos no es incompatible con tener pasión, como es el caso rioplatense. Y los suizos, con el respeto que me merecen (excepto por el aborto del deporte ése, llamado Joseph Blatter), no entenderán nunca lo que es sentir y vivir el fútbol como un sudamericano.

Y debe ser lindo que tu abuelo o que tu papá te lleven a ver a tu selección y te digan que han sido Campeones del Mundo, los primeros Campeones del Mundo. Debe ser lindo saberte Campeón desde la cuna. Debe ser lindo saberte de la estirpe del equipo que logró el Maracanazo, que sabe darte momentos así. Debe ser lindo gritar los goles de Forlán y de Suárez, y saber que esos goles son a favor de tu país. Y debe ser lindo tener un hijo y que sepas que grita los goles de su país, de tu país, en una Copa del Mundo, y que te diga: “¡Ganamos, papá, ganamos!”

Te saludo, Uruguay, por esta emoción tan tuya que nos permites compartir contigo.

Roberto Cuba

Peruano

PD.-Siendo yo hincha de Alianza Lima, cuadro del romanticismo futbolero en Perú, saludo desde acá al Club Atlético Peñarol, padre de tantos jugadores valiosos y de tantas alegrías, así como a los uruguayos que han vestido la gloriosa camiseta Xeneise de Boca Juniors. Cuadros del pueblo, me alegro de simpatizar con ellos. ¡Aguante el Manya, carajo!!!!!!!!!!