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MICHAELS!

El apellido más rock’n’nroll que conozco, por encima de “CUBA” (cosa que hasta Fidel Castro debe estar reconsiderando). Definitivamente, el apellido más rockn’n’roll que sepa es… MICHAELS!!!!!

Y lo digo por dos hombres a los cuales me gustaría alcanzar alguna vez: Bret Michaels y Shawn Michaels.

Es un hecho que ninguno de los dos nació con ese apellido,sino que es parte de su “stage name”, y con ello se hicieron famosos y construyeron su identidad ante todo el mundo. Pero no me importa. Si alguna vez pudiera ser una estrella de rock y escoger con qué nombre pasar a la eternidad, incluiría un apellido como “M-I-C-H-A-E-L-S”. ¡Es que no hay apellido más rock’n’nroll sobre la tierra!

Primero, hablaré sobre el bueno de Bret. Nació como “Bret Michael Sychak“, pero se hizo conocido como vocalista de POISON, con el nombre de “BRET MICHAELS“, con su pléyade de groupies, sus fotos inyectándose insulina pareciendo otra cosa (un pequeño roce con el otro mundo, propio de un rockstar), su pelo largo y su actitud de pleno desenfado. Es alucinante su participación en “Rock of Love“. Pucha, cuántos no desearía tener apenas un poco de su fama y su sensatez para decir con quién quedarse y cómo comenzar su siguiente temporada en el reality. Wow! Sería poco menos que genial ser anglosajón y escoger un apellido así para su nombre artístico. Pocos pueden igualar un apellido así: Haggar, Van Halen, Bon Jovi… Pero si escoges para tu nombre algo que suene a ROCKSTAR, pues tienes que sonar como a ROCKSTAR. Y eso es lo que suena un “MICHAELS“.

Y aquí entra Michael Shawn Hickenbottom, a.k.a “SHAWN MICHAELS“. Pucha, quizás el luchador con quien más me he identificado en toda la historia: delgado, bajo en estatura comparado con otro monstruos de la WWE, técnico (dominador de las bases elementales y secretos del wrestling) pero, sobre todo, picón. Sí, picón, que no se da nunca por vencido, que nunca da un “me rindo” por respuesta, aún haciéndole el job a otro, que siempre vendió cara su derrota y que siempre ha dado grandes momentos Wrestlemania a todos. Perderme su última pelea en vivo es algo que hasta ahora no puedo perdonarme (bueno, estuve con una chica, pero nunca será excusa suficiente ante la despedida de un grande). Pero al menos vi una de las más grandes peleas de TODOS los Wrestlemania en vivo y en directo frente a Undertaker en Wrestlemania  XXV. ¡Wow! Y su último match fue un reflejo de los que nos gusta a los chicos que siempre quieren ganar y nunca perder: morir peleando, a lo macho, encarándole a su verdugo para luego salir del ring en medio del respeto absoluto por su entrega. De hecho su imagen pública fue un reflejo de su vida personal: antipático por momentos, impulsivo en otros, corajudo, hombre de familia ya más maduro, pero, sobre todo, un luchador en cuyo diccionario nunca estaba la palabra “perder” y que siempre ganaba por algún detalle polémico, pero nunca exento de técnica. Y por supuesto, bajo un stage name como “MICHAELS”. No en vano integró “The Rockers” en los 80’s.

Intrínseco a que suene bacán en cualquier idioma (porque lo es), “MICHAELS” debería ser un apodo digno para cualquiera que desee llevar el rock como insignia. Por lo tanto, debería vivir como tal, como un ROCKSTAR, de la manera más plena, llena de violencia, vicios y sexo en el escenario. No menciono las drogas porque drogarse arranca desde que uno fuma o toma. Y eso, en un rockstar, es muy, pero muy probable.

Quizás la única profesión que pueda compararse con la de un rockstar sea la de un actor, porque comparten virtudes y vicios parecidos. Sin embargo, el ROCKSTAR tiene un glamour que pocos actores pueden igualar, ya que ser un ROCKSTAR implica un peso distinto al intérprete teatral o cinematográfico, puesto que, creo, está destinado a ser un canal PERMANENTE de la conexión entre el artista, el público y “eso” que se suele denominar como “mensaje”. Aquel que desee cargar algo similar al ROCKSTAR deberá cargar con un peso similar, puesto que, ante su público, habrá de darlo todo de sí, vivir al máximo lo que significa ser un “canal” entre el público y la música, ejecutando lo que se llama “virtuosismo”, o lo que da lo mismo, técnica estudiada y ejecutada a plenitud, con conciencia de lo que se hace y que se disfruta haciendo por la técnica en sí. Pero, sobre todo, ser un ente que sea la personificación misma del DESEO. No hablo del “deseo” por algo así nomás. Simplemente es el “deseo”, que es como el “poder”, y que uno debe asumir como un pesado caballo al cual pretenderá manejar, pero que a la  larga terminará manejándolo a uno.

Cargar con algo similar a ser “ROCKSTAR” sólo implica vivir como un “ROCKSTAR” o emular al “ROCKSTAR”, con todo lo que significa, comenzando por la imagen misma, ni más ni menos: Cabello largo, desenfado como mandamiento en sus días, confianza ante lo absoluto como quien bromea con un familiar, chanzas con la vida y la muerte mismas… Y sentir que los excesos no son más que atribuciones obligadas del oficio mismo que se ostenta: ROCKSTAR.

Entre ellas, llevar un nombre rock’n’roll es de ley… ¿y qué mejor apellido que MICHAELS? Suena bien, aquellos que lo usaron como un “stage name” le sacaron un brillo inusitado, aún sin ser rockeros, es de grata recordación siempre… ¿porqué no? Bueno, mi apellido verdadero es “Cuba”, y siento que primero debería sacarle el brillo que se merece. Pero, si pudiera renacer como un músico de rock (ojo, “músico” de rock), sin dudarlo me pondría el “Michaels”.

Al menos, si renaciera como sudamericano otra vez, me pondría “GIARDINO”, que es un apellido (real, eso sí) que creo puede hacerle frente a “Michaels”. De todos modos, con uno u otro apellido o nombre o lo que sea, tendría que ser un verdadero monstruo en técnica. “Michals” no es un nombre que pudiera llevar cualquier persona…

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Metal Health y el papá más Rock’n’roll que conozco

Metal Health“, de Quiet Riot, aparece en la secuencia inicial de “The Wrestler“, (“El Luchador”), de Darren Aronofsky, con Mickey Rourke.

La película, para mí, es imperdible, te guste la Lucha Libre o no.

Pero esta canción es un temazo para mí porque su estridencia y ritmo me han ayudado a salir de una depresión terrible este año. Se trataba de la fase final de una serie de semanas grises, cuando ya todo estaba empezando a mejorar, o al menos, a encauzarse, con saldos en proceso de cancelación, saldos de adentro, deudas con uno mismo, agradecimientos que no podían esperar más.

Y en esos días, de repente se medió por buscar glam ochentero en youtube. Y me encuentro con este tema, de especial interés porque aparece en “The Wrestler”, con una intro impresionante de los “gloriosos 80’s” de Randy “The Ram” Robinson. Pero en esos días, la estridencia y el tempo de “Metal Health” me dieron un inyección anímica que complementó mis terapias físicas y el arreglo de muchas cosas en ese entonces: ya era la salida del único verano gris que he tenido, de la forzada sordera de mi cuerpo y de mi mente ante mis propios objetivos.

Recuperé el ánimo gradualmente, y lo curioso es que coincidió con el inicio de Semana Santa, cuando cobró más sentido que nunca. Al menos como cristiano percibí una señal contradictoria, pero válida: Ese rock abiertamente laico (y con una letra harto berrinchosa) me ayudó a recordar que el ímpetu existe y que se puede vivir en paz interna, pero sin perder ese ímpetu. El día que pierda esa vehemencia, habré muerto. De allí que el verano que pasó fuera tan frío en todo y perdí la garra.

Pero con ese tema volví a sentirme como un tigre suelto de nuevo en la bosque. Debilitado y algo aturdido, pero sabiéndome libre de nuevo. Libre de la desidia y del pesimismo. Y conversaba con mi padre sobre la potencia que el rock posee.

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Bonus Track: El papá más Rock’n’nRoll que conozco

Mario, mi padre nació en 1936 y no le llama la atención el metal, pero no se cierra a oír y hablar de la música que sea, al menos de la que converso a veces con él. Hablábamos de “Metal Health” y cómo el rock te acelera las revoluciones y te inyecta potencia. Es curioso, nos pasamos 3 horas entre ese y otros temas, pero teniendo al ímpetu y el rock como eje. Mi papá, aunque nunca ha cantado rock ni sido fanático de ninguna banda, es el padre más rock’n’roll que conozco. Se enfrentó a cada cosa desde que salió de su natal Acopía, un pueblito alejado en Cusco y que tuve la fortuna de conocer hace unos años. Y desde entonces no hizo nada que no estuviera traducido en una canción rock: salió de su pueblo, vivió como camionero, practicó box… Sirvió en el ejército, de donde se retiró siendo sargento segundo. Se metió de barman. Y fue sindicalista. Y por sindicalista casi lo matan en una revuelta en Cusco. Luego entró de cero a Industrial Gráfica, desde abajo, y sus méritos lo llevaron a capacitarse a Europa. Él estuvo entre los primero en traer el fotomontaje aquí. Y pasó por alegrías y decepciones. Pasó de todo y también tuvo sus errores. Lo traicionaron algunos de sus amigos y en otros encontró la confianza. Y toda su vida se podría resumir en un LP de Rock’n Roll, con covers de Pedro Infante porque él también fue como Pepe El Toro, el antecesor de Rocky y papá del “Eye of Tiger”. Bueno, también es un Super Mario.

A mi padre no le gustan las melenas. Siempre me critica que lleve el cabello largo, pero de algún modo hubiera cantado, de haber sido rockerazo, “Livin’ on a prayer”.

Es hincha de la “U” y de River Plate, yo soy de Alianza Lima y también hincho por Boca Juniors, pero ambos coincidimos con el Barcelona.

Y de chico no me gustaba mucho su manera de proceder, y él tampoco era muy acertado en algunas cosas. Pasando la adolescencia empezamos a entendernos mejor el uno al otro y ahora lo quiero mucho, muchísimo. Lo mismo me pasó con ciertos temas ochenteros, especialmente algunos clásicos rockeros que no entendía por la edad (5 años, mas o menos). Ahora esos temas y mi padre me ayudan a llevar adelante muchas cosas. Visto de otro modo, a su edad, también es la representación misma de Don Ramón cantando y bailando el “Si eres joven aún, joven aún…”

Y aunque suene muy extraño (tomando en cuenta su vida, cómo me he llevado con él y todo lo que él y yo hicimos), todo su CV y su existencia serían, en buena parte, expresados en “We’re not gonna take it“, porque nunca se resignó a lo que otros le dijeran. Como siempre dice “Nunca te des por vencido, ni aún vencido”. O como dirían Los Mox, “No lo aceptaremox“.

El Rock”roll también es bueno para la salud. Y es como la cerveza, como cuando compartes con tu papá también…

KILL ME!!!!!

El camino de violencia, drogas, sexo y rock’n’roll ha cobrado héroes ilustres, desde Elvis hasta Kurt. Y con todo, los más artistas entre los rockeros del metal se han dado tanto por su público en el escenario que era como ver a sacerdotes yendo ellos mismos al altar del sacrificio a inmolarse.

Jimi Hendrix destruyendo su guitarra debió ser algo extático para los que pudieron estar allí. Parece ser una cosa hecha sólo por espectáculo. ¡Hey! El rock es un espectáculo, y el sólo hecho de causar alguna reacción al público permite cualquier cosa, y se ha visto de todo, pero el punto no es ése. Quemar y destruir lo que te da tu razón de ser es algo muy difícil de explicar. Quién sabe qué habrá pasado por la cabeza o el espíritu de Hendrix al hacer eso, pero intuyo que fue más allá de cualquier cosa que se haya podido meter. Es como cuando estás demasiado concentrado en algo, y te lleva a un estado en el que no te importan las convenciones. En una etapa inicial, es como estar concentrado escribiendo o componiendo algo. No interesa el tiempo mientras sigas realizándolo.
Luego tu atención se vuelca hacia el objetivo que tienes, hasta que el objetivo inicial ya no importa: nada interesa más que el hecho mismo de hacerlo. Y con todo el frenesí al que vas entrando, te involucras más y más. Si esa actividad te gusta mucho y va acompañada de una tensión y un ritmo propios, pues tus hormonas empiezan a segregar lo que sea necesario para que sigas manteniendo ese ritmo.
En un momento sabes que te vas a descarrilar. Puedes volver al cauce normal con cierta fatiga o puedes seguir hasta lo que salga. Si continúas, sabrás que te estás alejando de la cordura y de cualquier control que venga desde afuera, porque la idea de “autocontrol” ya no tiene piso para tí. Y le das con todo… hasta que sientes que necesitas más arrestos para concluir. Sientes que tu cuerpo ya no te pertenece, que no es suficiente. No lo es. Como si fuera necesario pagar un precio para aplacar esa vehemencia y ese fuego.

Y el precio es altísimo. ¿Qué es lo más valioso para un guitarrista en plena ejecución?

Eso es orgásmico.

Por eso creo que un rockero genuino rompería su guitarra y se aventaría contra los parlantes. Si siente el arte en sí, con mayor razón aún. Te entregaste con todo a lo que creías. Y siendo el líder de toda una manada de fanáticos que han visto que has sido sumo sacerdote y cordero de sacrificio al mismo tiempo, saben que no los vas a defraudar nunca, porque eres consecuente.

Esta es una magia que el escenario da a quien vive en él, y en general ocurre en el arte, en el deporte y otras actividades. Esa sensación puede ser asociada con la adrenalina y otras hormonas, y es a tal grado que luego de una presentación uno puede sentirse realmente vacío. Y de allí las crisis constantes que los artistas padecen, muy aparte de todos los pleitos que hayan tenido. Janis Joplin dijo una vez: “Yo hago el amor con 25.000 personas en el escenario y luego vuelvo a casa sola”.

Esto es una apreciación personal sobre el éxtasis al que llegan ciertos artistas. No creo que funcione lo mismo para todos. Pero si fluye, que fluya… que fluya…

Ps 1.- Si no hay problema, pueden leer esta entrada escuchando “Say Anything” de X-Japan. Allí encontrarán algunas muestras de lo que les digo (alrededor del minuto 5).

METAL: HAIR ROCK CAFE

El tema me gusta demasiado.

De niño no manyaba mucho lo que era el glam o hair metal. En los 90’s me pasó un poco desapercibido, hasta que fuí escuchando bien todas esas cosas que oía en la radio de mi tío Humberto, y alcancé a entender el porqué de su polo de Europe y demás pelucones de la época de cuando nací… Y un montón de afinidad hasta hora. No soy el gran fanático, ni el tremendo coleccionista y menos el super guitarrista… bueno, algo guitarrero soy, pero aún no llego al level de Eddie Van Halen 😦

No lo hablo por una mera moda retro ochentera. De hecho, lo que suelo escuchar desde mediados de los noventa arranca con el metal de la década previa, desde Rata Blanca hasta X-Japan. Y, efectivamente, lo mío pasa por escuchar desde el glam hasta el power metal. Hay toda una base musical en la que aún debo sumergirme, pero con un universo vastísimo en donde me alucino con el brillo de cada estrellita, que resulta ser, en realidad, de toda una masa estelar sonoramente incandescente.

A mi modo de ver y oír las cosas, el glamour de los rockeros de melena amplia se eleva por encima de su contradicción más fuerte: se supone que expresan rebeldía ante el sistema, pero ese mensaje les hace vivir con calidad de élite. Y sin embargo, todos han pasado por duros inicios, fuera económicos o fuera por fracasos musicales iniciales mientras las bandas aún se estaban formando. Y lograron lo que pocos pueden: vivir de lo que les gusta hacer. Y si eso es considerado huevear, que viva el webin!!!!!!

Y así quiero agitar mi cabello todo el tiempo. Una película sería el pretexto ideal. O al menos, como Otto Mann, el chofer del bus escolar de Los Simpsons. Es tan inocentemente salvaje como cualquiera de nosotros, sólo que él lo vive a cada rato. Al igual que los melenudos que aparecían en los polos de mi tío Humberto.